Ya la tarde llegaba a su final, a través del cristal del auto podía ver la puesta del sol, allá, al
final de la calle, en pleno malecón de mi ciudad. Si había algo que me provocaba salir apresurada
de la oficina era eso, ver el ocaso mientras conducía a casa, a “nuestra casa”; pero no podía ver la belleza de tan gran momento, era tanto mi dolor que solo veía
como crecía y crecía mi pecho, bajo este, mi corazón sangrando, y en mi mente
solo una frase “ya no formaras parte de mi vida”, la cual se repetía como esos
anuncios de vallas gigante, solo que yo la veía en la pantalla de mi celular. Creí que solo fue cosa de un mal momento, pasaron
varios días, le daba tiempo, pero hace unos minutos que recibí la llamada de su abogado, “Quiere
el divorcio”.
Hacia donde
fueron las promesas? Esos “Juntos hasta la muerte”……él decidía la mía.
Lagrimas que
nublan mis ojos, de repente un frenazo; una anciana con su ropa hecha tiras,
cargando un bulto que imagino que su peso será como una pluma si se compara a
la carga de sus penas y miserias, golpea mi ventana mientras me
dedica una sonrisa, mostrando los pocos dientes que aún le quedan, pero logro
ver la esperanza en su mirada. Bajo el
cristal, mientras desesperadamente intento secar mi cara.
--Por quien
llora tan hermosa niña?—le escucho decir—Mírame, estoy vieja y cansada, y este
andrajoso bulto es toda la carga que llevo—el cual alzó hasta colocarlo frente
a mi cara.
Tomo mi cartera,
pretendía darle un par de pesos, pero al verme ella, dijo:
--No, en esta
esquina yo no pido, tan solo doy—metió la mano en algo que alguna vez fue un
bolsillo, ahora solo era un trozo de tela que colgaba unido a otra por tan solo
unas cuantas puntadas, sacó algo de el y me lo entregó.
--Anda mi
niña, que la vida es mucho más que lagrimas—diciendo esto, continuó su camino,
no me dio tiempo de dar las gracias, y yo, también seguí el mío, el final de mi
destino.
Un semáforo en
rojo; tengo el trozo de papel encerrado en una mano, decido ver lo que es, hay
algo escrito, con dificultad logro leer lo que dice, pues las letras están algo
borrosas, hasta que lo logro, es una frase, "En la profundidad del invierno,
finalmente aprendí que dentro de mi yace un verano invencible." Más lágrimas nublan mis ojos, pero esta vez
una sonrisa aflora en mis labios, ya puedo ver la belleza del ocaso, hoy, no
será, el final de mi destino.
Relato escrito para el juego FRASELETREANDO, de ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES, con la esperanzadora frase de Albert Camus.