viernes, 15 de mayo de 2015

Cuando el miedo se une a la inocencia


Una tarde cualquiera, en un pueblo olvidado por todos, de calles polvorientas con sus habitantes que aun vivos, parecían muertos.

Una habitación sin puerta, solo una cortina mugrienta; ella escucho un extraño ruido y con sigilo, la movió suavemente y asomo su pequeña cabeza.  Aun fuera de día, la pequeña habitación estaba a oscuras, solo algunos rayos de sol entraban por la desvencijada madera que formaban las paredes, lo que le permitió ver lo que ellos hacía.  Se asustó, soltó la cortina, dejó de respirar, temblaba de miedo, por lo que vio y también porque podía ser descubierta.  Pudo más la curiosidad y otra vez asomó la cabeza, escuchando lo que él decía.
--Sabes que esto es nuestro secreto, tuyo y mío—


En otra ciudad, en otra habitación, pasado el tiempo.
--Sara, Sara…..Vamos, levántate—le gritaba su mamá
--Pero qué pasa?—Mamá, hoy es domingo, mi único día de descanso--dijo Sara, aun con la sabana cubriendo su cabeza
--Es que no me escuchaste?—Murió el abuelo Juan y todos vamos a su funeral, será allá, en nuestro pueblo—
--Y a mí que me importa?--No es mi abuelo y espero que se pudra en el infierno--y entonces salió de la cama.
--Muchacha loca, como te atreves a decir esas cosas?—preguntó su mamá mientras la tomaba por los hombros y la obligaba a mirarle a los ojos.
--No me preguntes a mí, pregúntale a Flavio, tú adorado hijo, él tiene la respuesta—Logró
liberarse de las manos que le sujetaban, se fue hasta el baño y cerró con un portazo.
--Que tiene Flavio que ver con eso?-- Ya él salió al funeral, con su mujer y con sus hijos--gritaba su mamá otra vez, ahora dando golpes a la puerta.
--Imagino que si, él debe estar ahí, hasta tiene suerte y el maldito viejo le dejó la herencia--respondió Sara al otro lado.



Sara vio cuando el abuelo Juan (así le decían todos en el barrio), luego de subirse el pantalón, le entrego un billete a su hermano, Flavio tenía 13 años, ella 7.  Ella se fue corriendo hacía su casa, se tiro al suelo, tapando sus oídos, mordiendo sus labios y apretando los ojos.

Como casi todos en el barrio, sus padres trabajaban en el campo, recogiendo la cosecha, cuando ellos llegaran ella le diría lo que vio, aunque su hermano no era bueno con ella, quería que, como siempre, sus padres lo protegieran.  Sintió que alguien cerraba la puerta, abrió los ojos y vio a Flavio frente a ella, traía cara de perro con rabia, ella tembló de miedo.  La levantó del suelo, apretando tanto su brazo que se le enterraban los dedos en su tierna piel, causándole dolor.

--Crees que yo no te vi?—Si te atreves a contarle a nuestros padres lo que viste, los mato a los tres, primero a ellos y luego a ti--

Y Sara calló, toda la vida la pasaba callando.  




martes, 5 de mayo de 2015


Cada corazón,
un pensamiento


Luego del anhelado encuentro,
esperando que este los acercaría.
Las dudas ya se irían, 
todo se resolvería. 
Llegó el momento de despedirse, 
él la miro, vio todo su futuro junto a ella.
Ella lo miro, vio un pasado que no volvería.
En silencio, se dieron la espalda.
El dibujó una sonrisa en sus labios, 
creyendo en el amor, seguro que volverían.
Ella, con lagrimas en sus ojos,
sabia que nunca mas lo vería, 
pues nada ya sentía.

martes, 28 de abril de 2015

Un cuento para Isabella

A la tía Inés le encantaba sentarse al suelo, rodeada de sus amados hijos y sobrinos, quienes cada vez le pedían un nuevo cuento.
-Tía, ya sabes alguna nueva historia para contarnos?-gritaban todos.
-Si mami, cuéntanos ese que escribiste para Isabella-dijo su hija.
-Se lo contaré, pero prometan que estarán callados mientras lo hago-respondió la tía Inés.
-Sí, lo prometemos-gritaron otra vez.

Paco era un niño que temía a la oscuridad, por eso dormía con la lámpara encendida.  Una noche despertó, un extraño ruido rompió su sueño, saliendo de la cama, lleno de miedo, se asomo a la ventana y pudo ver una extraña escalera, toda iluminada, que subía hasta donde sus ojos no podían ver.  Se sintió maravillado ya que su hermano mayor siempre le decía que construiría una escalera gigante para ir a buscar un rayo de luna y regalárselo, así siempre llevaría una luz que le iluminaría.

La curiosidad lo empajaba a explorar, deseaba saber hasta dónde podía llevarle esa escalera, con mucho cuidado abrió la ventana y salió hasta el jardín, era una noche sin luna, el cielo se veía oscuro, solo iluminado por unas cuantas estrellas.  Paco se acerco a la escalera y fue subiendo cada peldaño.  Eran muchos y ya se sentía cansado, cuando escucho que alguien le llamaba.
-Hola Paco- era una voz dulce y suave.
El niño se asustó y al girar para ver quien le llamaba, sus pies falsearon llevándolo a caer, pero  alguien le atrapó, evitando la caída.  Paco tuvo miedo con lo que vio, era una nube gigante y negra, lanzo un grito.
-No temas, aunque me veas negra, soy la luna- y esta, quitando un manto negro que le cubría, dejo escapar todo su esplendor, iluminando la noche con su hermosa luz.
Paco no cabía de gozo, Saltando y cantando, intentaba atrapar los rayos entre sus dedos.  Pero hubo uno que llamó su atención más que todos, era pequeñito mas tenía los más bellos destellos.  La luna, que la miraba, vio como su cara cambiaba cada vez que este rayo Paco tocaba.
-Puedes tomar ese rayo, llévalo contigo, cuídalo mucho- dijo la luna, envolviéndolo en una suave luz que le hacía flotar- Ya no necesitaras la escalera, mi luz te llevara hasta tu casa-
Paco la miro por un instante, luego le dijo:
-No, gracias Luna, no necesito un rayo de luz-dijo sonriendo.
La Luna se quedo sorprendida y le pregunto:
-No te gusta? Se que le temes a la oscuridad, puede tomar el  que quiera, el mas grande, llevarte varios si lo deseas.
-Es que ya no le temo a la oscuridad, se que tú me cuidas-
La luna se sintió orgullosa de ese niño tan valiente y cuando se despido de él, ocultó el rayo entre su pelo.

Cuando Paco regreso a su habitación, miro su reloj despertador y se dio cuenta que apenas pasaron unos minutos desde que salió.  El niño apagó la lámpara y se acostó sonriendo, quedando dormido de un tirón, pero entonces una suave luz salió de él, era el rayo que tanto le gustó, iluminaba un cielo lleno de lunas, planetas y estrellas.
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-Y que les pareció esta historia?-pregunto la tía Inés-Levanten las manos y entonces pregunten-
Y fue Isabella, la más pequeña de todos quien primero habló.
-Tía, yo creo que Paco aprendió, que siempre, detrás de una gran oscuridad una hermosa luz nos espera y que por eso es la noche oscura, para que podamos ver los alegres rayos del sol.
Todos aplaudieron, diciendo:  ¡Eso mismo iba a decir yo!
Y así, la tía Inés sonrió.


Relata escrito para  CREA UNA HISTORIA BASADA EN UNA IMAGEN
Juego Literario de ALMAS DE BIBLIOTECAS Y CINES
#creaunahistoria