jueves, 11 de diciembre de 2014

Trampas del destino

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A simple vista, era un hombre común, de esos que llaman “normales”; su vida corría entre su hogar, familiares, amigos y su trabajo, este era una de sus grandes pasiones, tenia entrega total a el.   Más no era lo que se veía, había más, un mundo lleno de emociones encontradas, carentes de realidades, deseos tan lejos de realizar, que vivían ahí, dentro de él, cosas con las que cargaba y nadie jamás imaginaba.

El destino, ese que siempre nos tiende trampas, que nos envuelven, nos atrapan, llevándonos a un mundo mágico que luego se convierte en un mundo plagado de demonios, fuego y llamas; él, tonto e iluso, cayó en la trampa.  Ella era una mujer, tenia esas cosas que el secretamente buscaba (creyendo que las necesitaba), la sintió como su alma gemela, sin ver más que eso, la siguió y su universo cambio.  Renunció a cosas que antes fueron lo primero en su vida, lo hizo con rabia y dolor, pero era más la pasión, esta le arrebataba los sentidos, vivía cada momento, intensamente, con miedo a perder todo, una vez más.  No pasó mucho tiempo y las luces que lo encandilaron fueron perdiendo su brillo, poco a poco, hasta que ya no brillaron más; llevaba su amor, pensaba que con este podría encender de nuevo las luces, pero no era así, el las encendía pero ella se encargaba de apagarlas, no antes de mostrarle su sonrisa, alentándolo, atrayéndolo, para luego dejarlo a oscuras, como perdido en un océano, bajo un noche oscura, sin estrellas ni luna, sin ningún buque que le rescatara.

Ya no existía ese universo, ya solo habitaba en los infiernos, con su rabia y amargura, soledad y nostalgia, con miedo y dolor; perdidas las esperanza, en las noches recorría callejones llenos de fantasmas, gritos de angustias, almas en penas.  Algunas veces se sentaba junto a ellos, tomaban una copa y brindaban con él, y lo disfrutaba, solo así sus penas mitigaba; conoció muchos fantasmas en sus caminatas, unos pocos le recibían con alegría, otros le cerraban las puerta en la cara, los demás ni le miraban después de la primera vez, le temían a tanto dolor, o más bien, a la máscara con la cual lo ocultaba.  Llegada la madrugada, debía volver a su vida, su verdadero destino, pero aun dándole el sol en la cara, no sentía su calor, no veía su color, eran sordo al canto de las aves, no percibía el olor de las flores; amaba el mar, iba hasta el, mas solo veía sus aguas, no le tocaba su magia, esa magia llena de calma, de versos y poesías.

Moría más que lo vivía, era un hombre solitario entre una gran multitud;  con su callada voz, ni un grito lanzaba, su tormento era su castigo, se veía pudrirse  poco a poco y lo aceptaba.  No sabía lo que ahora perseguía, alimentaba sus demonios, los veía crecer y se asustaba, pero no paraba; a veces veía algo de luz, no se atrevía a seguirla, le aterraba equivocarse una y otra vez, por miedo a arrastrar a otros. 

Una noche, reunido con sus fantasmas amigos, luego de tragos y diálogos, regreso a su casa, esa que no tenia nombre para él, era solo un espacio que habitaba, era frío, le faltaba todo, no tenía nada; sin saberlo, allí alguien le esperaba y él no lo imaginaba, pero él se alegró, y brindaron, al tocar sus labios este trago fue dulce y burbujeante, pero al llegar a su boca, fue amargo,  siguiendo su camino  por su garganta como fuego, quemando su corazón y su alma.  Se fue a la cama, abatido, sintiéndose culpable, durmió poco, las pesadillas le atormentaban, pero el destino algo le guardaba.  Al despertar, miro por su ventana, ya el sol despuntaba pero para él no brillaba.  Mientras vagaba en su mundo perdido, pudo escuchar, algo distante, el timbre sonar, fue hasta la puerta y al abrirla, juntos estaban, el sol, con sus rayos en todo su esplendor, solo para él, entonces sí pudo ver luces y estelas, alumbrandole, cambiando su vida, ahí, en el umbral de la puerta, estaba todo lo que necesitaba, entonces sonrió, de una forma que ya creía olvidada, y mientras lagrimas brotaban de sus ojos, de sus labios solo una palabra salió: “Pasen”. 

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