A simple vista, era un hombre común, de esos que llaman
“normales”; su vida corría entre su hogar, familiares, amigos y su trabajo,
este era una de sus grandes pasiones, tenia entrega total a el. Más no era lo que se veía, había más, un
mundo lleno de emociones encontradas, carentes de realidades, deseos tan lejos
de realizar, que vivían ahí, dentro de él, cosas con las que cargaba y nadie
jamás imaginaba.
El destino, ese que siempre nos tiende trampas, que nos
envuelven, nos atrapan, llevándonos a un mundo mágico que luego se convierte en
un mundo plagado de demonios, fuego y llamas; él, tonto e iluso, cayó en la
trampa. Ella era una mujer, tenia esas
cosas que el secretamente buscaba (creyendo que las necesitaba), la sintió como
su alma gemela, sin ver más que eso, la siguió y su universo cambio. Renunció a cosas que antes fueron lo primero
en su vida, lo hizo con rabia y dolor, pero era más la pasión, esta le
arrebataba los sentidos, vivía cada momento, intensamente, con miedo a perder
todo, una vez más. No pasó mucho tiempo
y las luces que lo encandilaron fueron perdiendo su brillo, poco a poco, hasta
que ya no brillaron más; llevaba su amor, pensaba que con este podría encender
de nuevo las luces, pero no era así, el las encendía pero ella se encargaba de
apagarlas, no antes de mostrarle su sonrisa, alentándolo, atrayéndolo, para
luego dejarlo a oscuras, como perdido en un océano, bajo un noche oscura, sin
estrellas ni luna, sin ningún buque que le rescatara.
Ya no existía ese universo, ya solo habitaba en los
infiernos, con su rabia y amargura, soledad y nostalgia, con miedo y dolor;
perdidas las esperanza, en las noches recorría callejones llenos de fantasmas,
gritos de angustias, almas en penas. Algunas
veces se sentaba junto a ellos, tomaban una copa y brindaban con él, y lo
disfrutaba, solo así sus penas mitigaba; conoció muchos fantasmas en sus
caminatas, unos pocos le recibían con alegría, otros le cerraban las puerta en
la cara, los demás ni le miraban después de la primera vez, le temían a tanto
dolor, o más bien, a la máscara con la cual lo ocultaba. Llegada la madrugada, debía volver a su vida,
su verdadero destino, pero aun dándole el sol en la cara, no sentía su calor,
no veía su color, eran sordo al canto de las aves, no percibía el olor de las
flores; amaba el mar, iba hasta el, mas solo veía sus aguas, no le tocaba su
magia, esa magia llena de calma, de versos y poesías.
Moría más que lo vivía, era un hombre solitario entre una gran
multitud; con su callada voz, ni un
grito lanzaba, su tormento era su castigo, se veía pudrirse poco a poco y lo aceptaba. No sabía lo que ahora perseguía, alimentaba
sus demonios, los veía crecer y se asustaba, pero no paraba; a veces veía algo
de luz, no se atrevía a seguirla, le aterraba equivocarse una y otra vez, por
miedo a arrastrar a otros.
Una noche, reunido con sus fantasmas amigos, luego de tragos y diálogos,
regreso a su casa, esa que no tenia nombre para él, era solo un espacio que
habitaba, era frío, le faltaba todo, no tenía nada; sin saberlo, allí alguien le esperaba y él no lo imaginaba, pero él se alegró, y brindaron, al tocar sus labios este
trago fue dulce y burbujeante, pero al llegar a su boca, fue amargo, siguiendo su camino por su garganta como fuego, quemando su
corazón y su alma. Se fue a la cama,
abatido, sintiéndose culpable, durmió poco, las pesadillas le atormentaban,
pero el destino algo le guardaba. Al
despertar, miro por su ventana, ya el sol despuntaba pero para él no
brillaba. Mientras vagaba en su mundo
perdido, pudo escuchar, algo distante, el timbre sonar, fue hasta la puerta y
al abrirla, juntos estaban, el sol, con sus rayos en todo su
esplendor, solo para él, entonces sí pudo ver luces y estelas, alumbrandole, cambiando su vida, ahí, en el umbral de
la puerta, estaba todo lo que necesitaba, entonces sonrió, de una forma que ya creía olvidada, y mientras lagrimas brotaban de sus ojos, de sus labios solo una palabra salió: “Pasen”.
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