Diego, un joven de apenas 16 años, con hermosos ojos pero mirada
triste, se encontraba atento a la
explicación que de la lección de turno daba la Srta. Paz, su profesora de
historia, cuando escuchó que alguien tocaba a la puerta del aula. La profesora fue a abrirla, era la secretaria
del director quien llamaba.
--Buenos días—dijo al entrar.
--Buenos días—respondieron todos los alumnos.
--Diego, vengo por ti, el Sr. Matos desea hablar contigo;
puede ir Srta. Paz?—pregunto a la profesora.
--Claro que sí; Diego acompaña a la Sra. Fernandez--
Diego, con cara de miedo y asombro, solo atino a decir:
--Pero yo no hice nada malo—mientras bajaba la cabeza con
esa timidez típica de él.
--Anda Diego, no tengas miedo,
primero escucha lo que el Sr. Matos quiere decirte—y acercándose a él, le dio
una palmada en el hombro mientras le sonreía.
Diego pasó el resto del día
mirando su reloj, deseaba que las clases terminaran para irse, tenía algo que mostrarle
a su familia. Cuando sonó el timbre que marcaba el final de las clases, tomo
con ansias su mochila y corrió sin parar hasta llegar a su casa. Al entrar vio a su abuela como siempre,
sentada en su sillón, con un rosario en la mano y la biblia en la otra.
--Hola abuela—llegando hasta
ella, intento darle un beso, pero esta lo rechazo.
--No me toques y cuantas veces debo decirte que no me hables, es que tu no entiendes?—y le empujó lejos de ella.
El joven, intento sonreír, pero
solo una mueca dibujaron sus labios, era así cada día, sentía que su abuela lo
odiaba y no entendía porque lo hacía, pero nunca dejaba saludarla al llegar, él
la amaba tanto como a su madre, toda su vida la llevaba viviendo con ambas,
junto a su tía Laura, la única persona que lo trataba como cariño y se
preocupaba por todo lo que él necesitaba, que no le faltara nada. En ese momento su madre entró al salón, igual fue
hasta ella pero recibió el mismo trato que de su abuela, aun así saco un sobre
que guardaba en su mochila y se lo mostró.
--Mira mamá, esto me lo entrego el
director de la escuela, ya mi tía no tendrá que preocuparse por mis estudios
universitario; mamá, gane una beca para la mejor universidad del país, estoy muy
feliz y me esfuerzo mucho en mis estudios, lo hago por ti, para que te sientas
orgullosa de mi!!!—esta vez sí pudo sonreír.
Su madre, con una mirada de
desprecio le contesto:
--Nada de lo que hagas me
llenara de orgullo, siempre serás un gran estorbo para mí y nunca recibirás mi
cariño—sus ojos lanzaban odio y de su boca salieron gruñidos espantosos.
--Qué delito cometí contra vosotros naciendo?—pregunto Diego, mientras
lagrimas caían por su cara como río desbordado y sus manos destrozaban ese
sobre que con tanta alegría le ofreció a su madre.
--Tantos años espere que
hicieras esa pregunta, deseosa de darte la respuesta—le dijo su madre llena de
rabia
Diego se puso frente a ella,
solo unas pulgadas lo separaban, estaba atento a lo que ella le diría. La abuela que escuchaba todo sin separar los
ojos de la biblia, interrumpió la lectura y los miro a ambos.
--Hija, no lo hagas, no vale la
pena que hables de eso, ya el daño está hecho y nada lo repara—en sus palabras había
un poco de compasión para su hija, no para su nieto.
--Calla mamá, el hizo la
pregunta y yo le digo lo que quiere saber.
Diego, tu eres ese pasado que por más que intento olvidar, siempre estás
ahí para recordármelo cada maldito momento de esta asquerosa vida que hoy llevo. Naciste fruto de la mas aberrante de las acciones, fui
violada por mi padre con apenas 15 años, tanto tu abuela como yo nos pusimos de acuerdo para que abortara pero tu tía Laura no lo permitió,
por eso estas aquí, pero nunca pude ni quise amarte; justo hoy pasan 17 años de esa
violación, verte es un gran sufrimiento; preguntaste en el mejor momento, me das el valor para yo acabar con este tormento que no me deja vivir en paz—y como si
todo en ese momento lo olvidara, se acerco hasta él y le dio un beso en la
frente para luego salir de salón.
A los pocos minutos se escucho
un disparo, la madre Diego se había suicidado.
