Una tarde cualquiera, en un pueblo olvidado por todos, de calles
polvorientas con sus habitantes que aun vivos, parecían muertos.
Una habitación sin puerta, solo una cortina mugrienta; ella escucho un
extraño ruido y con sigilo, la movió suavemente y asomo su pequeña
cabeza. Aun fuera de día, la pequeña habitación
estaba a oscuras, solo algunos rayos de sol entraban por la desvencijada madera
que formaban las paredes, lo que le permitió ver lo que ellos hacía. Se asustó, soltó la cortina, dejó de respirar, temblaba de miedo, por lo
que vio y también porque podía ser descubierta. Pudo más la curiosidad y otra vez asomó la cabeza, escuchando lo que él
decía.
--Sabes que esto es nuestro secreto, tuyo y mío—
En otra ciudad, en otra habitación, pasado el tiempo.
--Sara, Sara…..Vamos, levántate—le gritaba su mamá
--Pero qué pasa?—Mamá, hoy es domingo, mi único día de descanso--dijo Sara,
aun con la sabana cubriendo su cabeza
--Es que no me escuchaste?—Murió el abuelo Juan y todos vamos a su funeral,
será allá, en nuestro pueblo—
--Y a mí que me importa?--No es mi abuelo y espero que se pudra en el
infierno--y entonces salió de la cama.
--Muchacha loca, como te atreves a decir esas cosas?—preguntó su mamá
mientras la tomaba por los hombros y la obligaba a mirarle a los ojos.
--No me preguntes a mí, pregúntale a Flavio, tú adorado hijo, él tiene la
respuesta—Logró
liberarse de las manos que le sujetaban, se fue hasta el baño y cerró con un portazo.
liberarse de las manos que le sujetaban, se fue hasta el baño y cerró con un portazo.
--Que tiene Flavio que ver con eso?-- Ya él salió al funeral, con su mujer
y con sus hijos--gritaba su mamá otra vez, ahora dando golpes a la puerta.
--Imagino que si, él debe estar ahí, hasta tiene suerte y el maldito viejo
le dejó la herencia--respondió Sara al otro lado.
Sara vio cuando el abuelo Juan (así le decían todos en el barrio), luego de
subirse el pantalón, le entrego un billete a su hermano, Flavio tenía 13 años,
ella 7. Ella se fue corriendo hacía su casa, se tiro al suelo, tapando sus
oídos, mordiendo sus labios y apretando los ojos.
Como casi todos en el barrio, sus padres trabajaban en el campo, recogiendo
la cosecha, cuando ellos llegaran ella le diría lo que vio, aunque su hermano
no era bueno con ella, quería que, como siempre, sus padres lo protegieran. Sintió que alguien cerraba la puerta, abrió los
ojos y vio a Flavio frente a ella, traía cara de perro con rabia, ella tembló
de miedo. La levantó del suelo,
apretando tanto su brazo que se le enterraban los dedos en su tierna piel, causándole
dolor.
--Crees que yo no te vi?—Si te atreves a contarle a nuestros padres lo que
viste, los mato a los tres, primero a ellos y luego a ti--
Y Sara calló, toda la vida la pasaba callando.
Excelente historia....
ResponderEliminarGracias por comentar, me alegra saber que te gusta.....saludos!!!!
EliminarExcelente historia....
ResponderEliminarUn relato duro y doloroso. Muy bien explicado.
ResponderEliminarMenuda historia, Sophie! Muy dura, pero no por ella de fantasía. Cosas así suceden y siempre hay quien sufre terriblemente como consecuencia, por eso hay que contarlo...
ResponderEliminarMuy bueno tu relato, me ha gustado mucho.
Un abrazo!
Gracias +Julia C, es tan real como lo puedas imaginar. Un abrazo!!!!
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